Si queremos conocer cómo serán las políticas que implemente el recién electo Joe Biden debemos mirar al pasado casi inmediato, a cuando formó parte del gobierno de quien fue el primer mandatario negro de la historia de su país. En efecto, es esperable que al haber sido vicepresidente de la administración de Obama su gobierno tenga un perfil similar a este último, marcado por un mayor apoyo: al multilateralismo – mayor apoyo a los organismos internacionales – por sobre el unilateralismo; al dialogo por sobre el confrontacionismo; y a la apertura internacional económica por sobre el proteccionismo –.
Para empezar Biden definitivamente tiene una postura mucho más moderada y estable que su rival electoral por lo que podemos olvidarnos de los abruptos virajes marca registrada de la administración Trump. Esto conlleva una mayor previsibilidad en sus relaciones, así como para con los mercados que ahora contaran con una mayor estabilidad favorable.
De la misma manera, lo más probable es que buscará restaurar las relaciones que se vieron deterioradas por la política de corte proteccionista o de confrontación que Estados Unidos a mantenido en los últimos 4 años. Así, buscará resolver los conflictos que durante ese tiempo se han abierto con China y varios Estados europeos. También, y siguiendo en la misma línea, es esperable que Estados Unidos vuelva a apoyar a los diversos organismos y acuerdos internacionales a los cuales su apoyo fue retirado o pasaron a un segundo plano a la hora de tomar decisiones como lo fue Naciones Unidas, la OMS o el Acuerdo de Paris. Sin embargo, esto último significará también un nuevo impulso hacia una mayor competencia por el liderazgo internacional frente a Rusia o China.
Otra cuestión en la que se pueden esperar grandes cambios es en la forma de abordar la inmigración. Biden, en su programa político, plantea dejar de lado la cuestión del muro – no buscara destruirlo, pero no se le destinarían más recursos – y atender el problema directamente desde sus raíces en los países de Centroamérica, de los cuales parten los migrantes, a través de ayudas económicas y remediando las situaciones de violencia.
Latino América
Fuera de estos cambios, lo cierto es que es poco probable que América Latina se beneficie o perjudique por la llegada de Biden al poder. No es que el próximo presidente de los Estados Unidos profese animosidad alguna hacia la región, pero lo cierto es que desde hace ya tiempo que su patio trasero dejó de ser una prioridad. Lo más probable es que durante los primeros años de su mandato se verá más abocado a los temas más relevantes como los mencionados más arriba o a subsanar los problemas ocasionados por la pandemia en su país.
Esto no significa que no tendrá planes para la región, pero serán puntuales. Para empezar la cuestión de la inmigración, como acabamos de decir, le obligara a tener a mirar al sur sobre todo a México que no sólo es un país de tránsito para ciudadanos de otros países hacia EE.UU. sino que también es una fuente de migrantes para su vecino del norte.
Por otro lado, Brasil entraría dentro de la agenda ambiental del próximo gobierno norteamericano. El amazonas ha sido un tema a tratar en varios discursos del demócrata Joe Biden quien en reiteradas ocasiones ha propuesto construir un fondo internacional para resguardar la selva de los problemas que enfrenta. Es esperable entonces que las relaciones con Jair Bolsonaro, quien mantenía una muy buena relación con Trump, se deterioren frente a las frecuentes críticas sobre las maneras en las que el mandatario Carioca ha afrontado la problemática.
Ciertamente tampoco debemos olvidarnos del ya longevo problema de Venezuela. Resta saber si Biden continuara con la política de sanciones económicas dispensadas por Trump al gobierno de Nicolas Maduro o responderá al ofrecimiento a dialogar por parte de este último. Lo cierto es que el demócrata no ha ocultado su antipatía por el régimen del país caribeño, al cual llamo «brutal régimen socialista» durante sus actos de campaña, lo cual hace difícil creer que levantara sin más las sanciones. Sin embargo, su perfil más diplomático hace prever que estará dispuesto a dialogar y negociar con el fin de buscar una transición política en Venezuela, aunque una fuente cercana al equipo de trabajo del demócrata ha dejado entrever que ni Juan Guaidó ni Leopoldo Lopéz, actuales líderes opositores venezolanos, serían considerados para esta transición.
Por último, viejas publicaciones del demócrata parecen ver a la región como un punto de competencia en el liderazgo mundial frente a sus rivales. En dichas oportunidades Biden crítica a China y a Rusia de apuntar solamente a obtener beneficios económicos y diplomáticos sin invertir en las instituciones democráticas del continente afectando así su estabilidad. Todo parece apuntar a que volveremos a ver un mayor protagonismo de nuestro vecino del norte en las diferentes situaciones de conflicto institucional e inestabilidad política que se presenten en los próximos 4 años.
Argentina
Según datos del Banco Central EE.UU. es actualmente el nuestro principal inversor externo de la Argentina y nuestro el tercer socio más importante.
Si bien es difícil que comercialmente la relación vaya a peor que con Donald Trump tanto en términos diplomáticos y de tono como en términos comerciales – con el cual perdimos los mercados de acero y biodiesel – lo cierto es que es poco probable que haya cambios significativos. Primero porque las relaciones comerciales si bien pueden estar influenciadas por las autoridades, en un país como EE.UU. el volumen y el marco del comercio se ve afectado más por la burocracia y los equipos técnicos que por la política de turno.
Segundo, y a pesar de que las líneas ideológicas del gobierno de Fernández son más cercanas a las profesadas por Biden que a las de Trump, la Argentina no es un actor significativo para Estados Unidos. Por esto ultimo es poco probable que el futuro nuevo gobierno norteamericano cambie la política para con la Argentina, lo que significa que no podremos esperar ninguna intervención a favor o en contra significativa en los diferentes temas que son importantes para el actual gobierno argentino como lo es el futuro acuerdo con el FMI.
A pesar de toda esta situación, posiblemente sí exista un beneficio en la victoria del candidato demócrata, y está en el fin de la guerra comercial con China. Sí esto llegase a suceder y las relaciones sino-norteamericanas son reparadas, no sólo veremos en el corto plazo una mayor estabilidad en el sector comercio mundial favorable para los mercados en desarrollo como el nuestro, sino que también podría significar un mayor crecimiento del gigante asiático que se traduciría en un impulso a los precios de los commodities.
Francisco Massi Abdalla
Lic. en Relaciones Internacionales
Profesor adjunto en Universidad Nacional de Rosario