El acuerdo plantea el retiro de las tropas norteamericanas del país asiático y busca generar un proceso de reconciliación interno que conduzca a la paz en el país.
Luego de 19 años de lucha (la guerra más larga librada por EE.UU.), 2.500 soldados norteamericanos muertos y gastos que alcanzan el billón de dólares, la guerra en Afganistán comenzada en 2001 post los atentados del 11 de septiembre parece estar llegando a su fin. Un nuevo acuerdo firmado este sábado entre el gobierno de los Estados Unidos y los talibanes, el grupo insurgente afgano, tendría como objetivo traer la paz al Estado asiático.
La guerra de Afganistán que comenzó en 2001 tuvo una primera fase de conflicto rápida, las tropas estadounidenses lograron su objetivo de expulsar al régimen talibán del poder, que respaldaba y patrocinaba a Osama Bin Laden. Sin embargo, la reconstrucción del país quedó a medias aguas. Se instauró un nuevo gobierno democrático, pero este fue devorado por la corrupción y las luchas intestinas. Al mismo tiempo, los talibanes no fueron derrotaros de manera definitiva pues a lo largo de estos años han seguido luchando y se hicieron con el control de más de la mitad del territorio. Además, esta situación de lucha permanente ha hecho de Afganistán uno de los mayores Estados expulsores de refugiados del mundo.
En esta situación se ha negociado durante el último año y medio un acuerdo que no necesariamente garantiza el fin de la guerra, sino que expresa el lanzamiento de un proceso de reconciliación interno del país. El acuerdo prevé: Primero la reducción inicial de las tropas norteamericanas en un plazo de 135 días y la posterior salida de todas las tropas de la coalición internacional (formada por 37 Estados) dentro de los 14 meses; Segundo los talibanes deberán evitar que el territorio sea usado como base de operaciones por grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico, liberar a un millar de prisioneros afganos e iniciar un diálogo inter-afgano, con el gobierno democrático del país, que busque la inserción de los talibanes a la vida civil y política en el país.
Frente a este acuerdo, nadie se atreve a pronosticar un resultado preciso. El principal problema radica en que no se sabe con certeza que harán los talibanes una vez las tropas internacionales hayan dejado el país. Los afganos temen que los talibanes sólo estén fingiendo su interés por el acuerdo y que se hagan con el poder rápidamente reimplantando el viejo régimen talibán.
Con la mayoría de talibanes recibiendo una educación religiosa rudimentaria y habiendo conocido nada más que las armas, se pone en duda su capacidad de insertarse en una sociedad democrática, que respeta normas básicas de libertad y los derechos de las mujeres. El antiguo régimen prohibía la televisión, la música, la celebración de las bodas y hasta volar barriletes. Por ello no sería de extrañar que los conflictos vuelvan a comenzar en el país, o mejor dicho a intensificarse ya que la firma del tratado ha sido posible gracias a una “reducción de la violencia” acordada con anterioridad, y no una tregua.
Frente a las dudas, el secretario de Estado norteamericano ha recordado que ellos cumplirán su parte del trato “siempre que los talibanes cumplan sus compromisos”. Con esto la administración Trump busca presionar a su contraparte del acuerdo para que respete lo acordado. Si lo pactado es respetado por ambos bandos, el tratado podría ser un gran éxito en la política exterior del actual presidente Trump de cara a su reelección, pues le permitiría de una vez retirarse del lodazal que crearon hace 19 años ocultando lo que muchos consideran una derrota.
Francisco Massi Abdalla
Estudiante superior de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario. Miembro de la cátedra “Los Desafíos de la Unión Europea en el Siglo XXI” y miembro del Grupo de Estudio de la Unión Europea.