En los últimos días Corea del Sur, país que llegó a ser el segundo Estado con mayor cantidad de casos positivos después de China, ha logrado disminuir el número de contagios sin llegar a tomar medidas extremas como aislar ciudades enteras.
En Corea del Sur los casos tardaron 3 semanas desde el 20 de enero, día en que se anunció al primer infectado, en dispararse. Su curva de crecimiento de los nuevos casos positivos llegó a ser superior a la de China alcanzando el pico el 29 de febrero con 909 casos nuevos reportados en un solo día. Sin embargo, el 1 de marzo, a 10 días que se empezaran a tomar las primeras medidas y momento en el que el país sumaba aproximadamente 8000 casos, se comenzó a observar una reducción diaria de infecciones menor a 100, al tiempo que se limitaron el 75% de los casos a la ciudad de Daegu.
Su campaña contra el virus fue rápida y agresiva. Ya con unas docenas de casos positivos en Daegu, cuarta ciudad más poblada y primer foco de contagio del país, su alcalde lo considero una crisis y pidió a todos los ciudadanos que se mantuvieran en sus casas. Lo mismo se llevó a cabo en Busan, la segunda ciudad más grande, cuando se diagnosticó su primer caso. Se cerraron los espacios recreativos y los hogares de ancianos, se suspendieron las competiciones, se aplazó el inicio de las clases y los lugares públicos, los negocios y los servicios de transporte público comenzaron a ofrecer desinfectantes de manos.
El objetivo estaba claro, no se trataba reducir a cero los contagios, sino el reducirlos, todo con el fin de extenderlos en el tiempo y así evitar un pico de contagios tal que saturara su sistema médico. Para ello puso todo su sistema de salud a disposición para diagnosticar y combatir tempranamente la epidemia.
Cuando alcanzaron los 100 casos positivo, se levantó la vos de alarma y se puso un plan para identificar a los infectados que existieran entre la población. Se empezó a tomar la temperatura y hacer análisis a toda persona que llegase al país desde una zona de riesgo. Se realizaron los test no sólo a los que presentaban síntomas, sino a todas las personas con la que haya entrado en contacto directo cualquiera de los casos confirmados. Se distribuyeron en todo el país las herramientas necesarias para realizar test gratuitos, incluso se desplegaron puestos para realizarlos de manera rápido y en algunos de ellos, sin necesidad de que la persona se baje del auto. Se llegaron a realizar más de 15.000 pruebas diarias, en total unos 3.400 tests por cada millón de habitantes.
Corea tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo, donde el sector público y el privado se articulan. Existe un sólo asegurador que es público y un 85% de las clínicas y hospitales son privados por ello el trabajo conjunto es prácticamente obligatorio y le permite al gobierno tener un seguimiento de toda la situación. Así los hospitales públicos menos preparados que los privados ayudaron en las tareas de detección y atendieron los casos de menor complejidad, mientras que los privados trataron los casos más severos al tener un mayor acceso a mejores equipos médicos y respiradores mecánicos.
Una medida polémica y creativa por igual, fue el crear una aplicación para celulares que localizaba vía GPS a toda persona infectada, pero sin identificarla personalmente. Toda persona con síntomas se registra en ella y es citada a uno de los puestos cercanos para la realización de una prueba. De esta manera permite identificar más rápidos a los infectados, y en caso de que el análisis de positivo permite comprobar si la persona mantuvo la cuarentena e identificar donde estaban los focos de infectados. El gobierno de Corea del Sur ha ofrecido la aplicación a todo país que quiera utilizarla.
Ahora bien, vale la pena resaltar ciertas cuestiones que hacen de Corea del Sur una situación especial que pueden llegar a generar cierto escepticismo a la hora de realizar comparaciones con los demás países.
Además, el sistema medico llego a colapsar en Daegu. Las demoras, colas y tiempos de espera aún persisten, y los pagos adicionales para acceder a mejores condiciones dentro de las clínicas son comunes.
Para empezar Corea, posee empresas dedicadas a fabricar reactivos necesarios para hacer análisis y detectar el virus. En otras palabras, tiene una red de laboratorios que le permiten llevar a cabo desde 12.000 a 20.000 pruebas diarias si es necesario.
El otro punto es que tomar muestras de casos asintomáticos conlleva el riesgo de una falsa sensación de seguridad, ya que un análisis que de negativo puede ser uno positivo en el futuro. O sea, esa persona no se vuelve inmune pero la misma puede pensar lo contrario dejando de lado los controles y las medidas para evitar el contagio.
La sombra del MERS
En 2015, Corea sufrió un brote de MERS-CoV (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) otro coronavirus que infectó a 186 personas y mató a 36 de ellas. El problema estuvo en que el gobierno ocultó información para “no alarmar a la población” lo que afectó negativamente la capacidad de acción de los hospitales. Estos recibieron pacientes que no fueron aislados adecuadamente generando casos de transmisión intra e interhospitalaria. Además, ni se identificó ni contactó a muchas personas que habían tenido contacto con cada infectado, limitándose sólo al círculo cercano de cada uno. Este antecedente aún está fresco en la memoria colectiva y condicionó al gobierno y a la población a actuar acorde a la situación frente al nuevo coronavirus.
A pesar de ello, esta situación no sucedió en el país asiático pues corre con una característica que lo aventaja incluso de los estados más desarrollados Estados: la actitud de sus ciudadanos. Una pandemia es ante todo un fenómeno social. Sus causas están indudablemente conectadas a como se comporten las personas frente a ella y en el caso de Corea del Sur fue positiva. Cuando se llamó a las personas a permanecer en sus casas, estas lo hicieron. La población voluntariamente aceptó la medida y vació las calles. Así, gobierno no se vio obligado a bloquear las ciudades o a imponer controles estrictos al desplazamiento a través de la fuerza, medidas que países como Italia y España se ven obligados a establecer no sólo porque sus acciones llegaron tarde sino porque sus ciudadanos tampoco respetaron la cuarentena de manera voluntaria.